Aquí sentado, esperando a Susana y a los barones

Artículo de Francisco Romero

  • Para hoy, con nocturnidad, alevosía y festividad, está prevista la reunión de la comisión ejecutiva federal del PSOE en la que se analizará, tras la pertinente reforma estatutaria, el flamante acuerdo alcanzado con ERC y ratificado ayer por su Consell Nacional
  • De ellos, solo García-Paje al modo Cid Campeador balbuceó hace unos días su colosal oposición (“no quiero vaselina para Reyes”) al pacto con comunistas, independentistas y proetarras

El precursor del teatro del absurdo (nada pasa, nada viene, nadie va) pretendió representar la insignificancia de la vida moderna tras la Segunda Guerra Mundial.

Con toda seguridad, cuando Beckett estrenó en los años cincuenta de la pasada centuria Esperando a Godot, no imaginaba la dirigencia española actual, pero la perfiló como muy pocos.

Para hoy, con nocturnidad, alevosía y festividad, está prevista la reunión de la comisión ejecutiva federal del PSOE en la que se analizará, tras la pertinente reforma estatutaria, el flamante acuerdo alcanzado con ERC y ratificado ayer por su Consell Nacional. El mismo se fundamenta en la creación de una mesa de negociación «bilateral» que debe iniciarse en 15 días tras la constitución del nuevo Gobierno y en la celebración de una “consulta” a la ciudadanía catalana.

La comisión ejecutiva socialista, a imagen y semejanza de su mandamás, está integrada por fieles como Cristina Narbona, Adriana Lastra, José Luis Ábalos, Santos Cerdán, Óscar Puente, Patxi López, Odón Elorza, Alfonso Rodríguez o Susana Sumelzo. Conocida la alineación, imaginen el resultado del partido.

Personificadas en Alfonso Guerra, de nada servirán las únicas voces de ultratumba, la de dirigentes ya retirados que se han pronunciado contra el pacto. Paradójico resulta que, mediante la más socorrida puerta giratoria de los años ochenta (el trasvase PCE-PSOE), una “personaja” que entró por la gatera en erpartido se permita el lujo de reprobarle. ¡A moro muerto gran lanzada… !

Tras la deriva del okupa de La Moncloa, Godot, ese personaje al que siempre se aguarda con extrema paciencia, continúa sin aparecer. Encarnan a la perfección su papel Susana Díaz y el resto de barones socialistas (Emiliano García-Page, Javier Lambán, Guillermo Fernández Vara y Javier Fernández) que ni están, porque fueron expelidos del cónclave, ni se les espera, porque han hecho del silencio clamoroso su única forma de supervivencia ante el ninguneo de Sánchez al comité federal.

De ellos, solo García-Paje al modo Cid Campeador balbuceó hace unos días su colosal oposición (“no quiero vaselina para Reyes”) al pacto con comunistas, independentistas y proetarras. El resto callados como… dicen Ramoncín o Herrera. En concreto, de la esperanza que llegaba del Sur, de la chica de la estación (del AVE) nunca más se ha sabido. Desapareció de la circulación a la misma velocidad con la que decidió, sin oficio ni beneficio, evocando un pasado agrio y un futuro sin ilusión, resguardar su faltriquera, el sustento diario propio y el del tieso que le tocó en suerte.

Aún así, bien en comandita, bien cualquiera de ellos, tienen la ocasión el próximo 7 de enero de enterrar la partitocracia en la que pastelean, rompiendo la disciplina de voto y defendiendo con sus diputados en la sede de la soberanía nacional la dignidad de centenares de miles de andaluces, manchegos, aragoneses, extremeños o asturianos que no conciben que el granero de votos socialistas sirva para hacer más pobre a Andalucía, Castilla La Mancha, Aragón, Extremadura o Asturias, en beneficio exclusivo de los más poderosos y de los que (Ortuzar dixit) no se sienten españoles ni por el forro.

Y en esto que, esperando aquí sentado, desperté.

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