EL Panamericanismo contra ESPAÑA: la Conferencia de La Habana,1940

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Artículo de  Antonio Nadal

 

En la Conferencia de La Habana sobre administración provisional de colonias y posesiones europeas en América, una de las diversas reuniones propiciadas por el Buen Vecino USA, con su Gran Garrote (a big stick), la política de Roosevelt, que modificaba la Doctrina Monroe, adaptada, entre 1933-145, a la nueva denominación “Política del Buen Vecino” del mismo presidente ), se había acordado, para protección de los intereses norteamericanos, defender el status de los territorios de este Continente pertenecientes a potencias europeas; para impedir que, a causa de la guerra europea pudiera intentarse la conquista, refiriéndose a una inexistente “solidaridad interamericana” acordada en las Reuniones de Lima y Panamá lo que exigía la adopción política de vigilancia y de defensa, creando un Comité de Emergencia compuesto de un representante por cada una de las Repúblicas Americanas. Cierto que «Ninguna de las disposiciones que abarca la presente Acta, se refiere a territorios o posesiones que son materia de litigio o reclamación entre potencias de Europa y algunas de las Repúblicas de América» (sic).

EEUU se salvaguardaba de un posible triunfo de Alemania en la Guerra (todavía no había entrado USA en la Contienda Mundial).

La prensa española, centralizada por el gobierno, y con noticias suministradas por la agencia Efe o Logos, protestaba enérgicamente ante el rechazo real a España donde, terminada la guerra civil, aún contaba con apoyos en los gobiernos americanos:

La Conferencia Panamericana puede considerarse fracasada. Las reservas hechas por numerosos representantes al firmar los acuerdos quitan a éstos su alcance. Según se deduce del texto oficial definitivo de las resoluciones adoptadas en la conferencia de la Habana, han sido hechas varias reservas en el momento de la firma de los documentos. Estas reservas restringen el alcance de las resoluciones o suavizan su puesta en vigor. (Efe.) LA HABANA, 31.- En la sesión de clausura de la conferencia interamericana, el ministro de Negocios Extranjeros cubano, Campa, pronunció un discurso en el que declaró que las decisiones tomadas por las 21 Repúblicas americanas no engendrarían un derecho nuevo. Aumentan las críticas en Brasil. Rio de Janeiro. Aumentan las críticas en la Prensa brasileña contra la conferencia de La Habana. O en Colombia, en documentos enviados por la Legación: Colombia contra el Imperialismo Yanqui.

Bogotá, el Senado de Colombia acaba de terminar la discusión sobre política extranjera del Gobierno, en relación con la Conferencia de La Habana. Las posiciones del conservatismo colombiano son extremas contra el Panamericanismo:

El senador Gómez puso de relieve que el actual conflicto está destinado a liquidar las seculares injusticias rindiendo cuentas Inglaterra de los actos de fuerza de su imperio. El orador insistió en las profundas diferencias de cultura entre el Norte y el Sur de América, rechazando el que se proclame la solidaridad de los Estados del Sur con los Estados Unidos. El senador De la Vega criticó a su vez la política que conduce al vasallaje. Todas estas declaraciones produjeron una viva impresión en el Parlamento y en la opinión pública, con la consiguiente repercusión en la Prensa local. (Efe.)

Lo cual era cierto. Argentina había reservado todos sus derechos sobre las islas Malvinas y las tierras antárticas. Guatemala , de nuevo, sus reivindicaciones sobre Belize (Honduanica). A causa de su situación geográfica, Bolivia había formulado reservas sobre el internamiento de las tropas beligerantes. Chile hizo depender su adhesión al conjunto de resoluciones adoptadas, de la ratificación del Parlamento chileno y  reservado su adhesión a las estipulaciones contenidas en la resolución económica. La delegación colombiana no aprobó las medidas de defensa común, sino a reserva de su conformidad con la constitución colombiana. La delegación de Venezuela declaró que no se considerará ligada por las resoluciones del acta de la Habana hasta que el Parlamento de su país no la haya ratificado. Finalmente, la delegación peruana exigió, por lo que se refiere al arbitraje común de los litigios interamericanos, que la comisión competente no puede entrar en funciones si no es con la petición de los Estados directamente interesados. 

Origen español de las colonia objeto de debate

Como queja o lamento, el régimen de Franco como los herederos del 98,  reivindicaba las colonias europeas en América como despojos del antiguo imperio español. Entre los territorios del Nuevo Mundo, que no son americanos ni españoles, bajo dominio extranjero figuraban buena parte de las tierras descubiertas por Colón y nuestros primeros navegantes del siglo XVI: si no tuviésemos el testimonio de la Historia, bastarían los nombres para recordar el origen español de sus pobladores blancos. Las islas de Sotavento, inglesas hoy, se llaman Antigua, Barbuda, Redonda, Montserrat, Sombrero, Dominica… Las de Barlovento -inglesas también-, Granada, Santa Lucía… En el archipiélago de Guadalupe  -ya está bien el nombre- se encuentran las del primer viaje de Colón: Marigalante, Deseada… La isla de Trinidad debe al almirante su nombre, que la llamó así por los tres picos montañosos que la dominan; la Guayana fue descubierta por Vicente Yáñez Pinzón; por último, en manos también de los ingleses, está la primera tierra que vieron los descubridores españoles; la isla de Guanahani.

Casi todos los territorios cuya futura nacionalidad ha discutido la conferencia de La Habana son despojos del antiguo Imperio español, perdido durante las malas guerras del siglo XVII. Las excepciones eran muy pocas: Terranova, Saint Pierre y Miquelón, Groenlandia, en cuya colonización tuvimos parte, y las Malvinas y el territorio de Belice, arrebatados a nuestros sucesores -Argentina y Guatemala- después de la independencia.

Para la mayoría de estos países se ha adoptado el acuerdo de someterles a un mandato americano colectivo si a consecuencia de la guerra han de pasar a otras manos. Las excepciones se refieren a los ya citados Belice -lo que se llama Honduras británicas-, que será atribuido a Guatemala, y las islas Malvinas, reclamación antigua y constante de los argentinos.

Sin duda, el final de la mayoría de los territorios que se piensa someter a mandato, caso de que Alemania sea la vencedora y los vencidos queden sin fuerzas para defender las posesiones americanas…

La prensa española recordaba, en la línea antibritánica, las reivindicaciones argentinas: Las Malvinas, a las que en 1833, una fragata británica desembarcó soldados en la isla, sin que, falta de fuerzas, pudiera Argentina otra cosa; sino protestar la expoliación.

Belice es una antigua residencia de bucaneros a los que, cuando decayó la piratería y por acuerdo con el Gobierno de Londres, concedió España el derecho de explotar los bosques de ella región, sin olvidar el Tratado de Versalles de 1783 y protocolo adicional de 1786.

EEUU: dominio, no protección

He aquí a los Estados Unidos lanzados a la conquista de América. Ejercitando una especie de tarea protectora que nadie les ha encomendado y para la que no han sido requeridos por nadie, con el pretexto de velar por su seguridad que nadie amenaza y con miras a un desarrollo ulterior innegable de empresas intervencionistas en Europa y acaso en el Extremo Oriente, el señor Roosevelt se han lanzado a conseguir posiciones cada vez más sólidas con daño de los países de la América española o portuguesa, que están directamente amenazados por esa política, cuya finalidad aún no es clara.

En el pensamiento de Roosevelt y en sus planes futuros había una  empresa guerrera para la que se prepara febrilmente: La construcción de una flota bioceánica, el establecimiento de bases navales de protección del canal de Panamá, el refuerzo de los efectivos militares de la Zona del canal y el establecimiento apresurado y urgente del servicio militar obligatorio, que elevará los efectivos militares normales de los Estados Unidos a la cifra de dos millones de hombres, son un indicio claro.

En el futuro, frente a cualquier posición de resistencia o de oposición que surja en la América española, los Estados Unidos contarían con una formidable potencia militar con la que oponerse a la posición de dignidad o al ejercicio de la soberanía plena de las naciones de la Hispanidad. Se estremecen los Estados Unidos, con febril impulso bélico y ha de cumplirse la profecía del maestro Rubén: “un intenso temblor pasa sobre las vértebras heladas de los Andes”.

Si en el orden militar la posición de los Estados Unidos era más que amenazadora, principalmente para las naciones vecinas, en el económico son muy justificados los temores que pudieran abrigarse, Las consecuencias económicas de la guerra en Europa están siendo aprovechadas por los Estados Unidos para su penetración económica aún mayor en los países de Ibero-América. Sabido es a lo que conduce la política yanqui de establecimiento de empresas industriales o mercantiles, la concesión de créditos y la creación de intereses, más allá de sus fronteras. Conduce a una intervención activa y turbia del dinero norteamericano en la política interior de Hispanoamérica. Tal es la verdadera historia de muchas de las revoluciones que han ensangrentado las tierras de la Hispanidad. Las “facilidades” comerciales, la “protección” de costas, la “neutralización” de mares y tantas otras empresas de presunta generosidad, no son más que etapas de una tarea de dominación, incansablemente llevada y para la que cualquier acontecimiento es un pretexto y cualquier ingenia una ocasión.

Los recelos que la Hispanidad siente frente a esta política bien se han puesto de manifiesto con ocasión de la conferencia de La Habana, aunque no lo hayan sido tan categóricos como la situación requiere. Últimamente, la Argentina, que mantuvo su rotunda reivindicación de las islas Malvinas, que son “su Gibraltar” ha hecho saber a los Estados Unidos que no veía con agrado que los barcos norteamericanos se atribuyesen la misión de “proteger” sus costas. Méjico cortó ya hace tiempo por lo sano la invasión económica norteamericana, expropiando a las compañías extranjeras poseedoras de pozos de petróleo y si bien la política mejicana en su conjunto no es precisamente ejemplar de hispanidad, en este aspecto hay que aludir a ella.

En el futuro, en un futuro ya inmediato, los Estados Unidos no solamente contarán con tópicos y argucias para interpretar en su provecho la famosa doctrina de Monroe, sino que lograrán una potencia militar que no sabemos aún a quién amenaza. Más o menos, en ningún país de Iberoamérica ha dejado de apreciarse el riesgo y aunque en nada se haya concretado esta alarma, acaso de ella se abrirán caminos nuevos e inesperados. La herencia ibérica y el espíritu de hispanidad son inmortales, porque son espíritu frente a la oleada de comerciantes anglosajones. Confirmaban, las necesidades estratégicas de USA, las noticias recogidas en Baltimore donde el subsecretario de Estado norteamericano, Summer Welles, había declarado:

“La defensa de los Estados Unidos significa nuestra estabilidad para rechazar todo ataque o tentativa de invasión contra cualquier parte del Nuevo Mundo. En los últimos años se ha demostrado claramente que nunca, ni el canal de Panamá ni nuestro territorio, pueden considerarse seguros ante un peligro aéreo si el territorio de nuestros vecinos del Sur no está a cubierto de invasiones. Esto no se puede conseguir sin la amistad leal de las demás potencias americanas”. (Efe.)

La postura de España ante la Conferencia de Cuba e Internacional

La posición de España aparece en la conferencia “Política internacional”, del subsecretario de Prensa y Propaganda Antonio Tovar. Uno de los jóvenes del régimen, que recordó el ambiente en España durante la guerra de 1914-18 escindida por filias y por fobias, entre gentes que sólo aspiraban a su propio interés, sin un ideal nacional colectivo. Ambiente turbio, en el que sólo sonaba alguna voz profética, como la de Vázquez de Mella.

Tovar entendía que de haber triunfado la República, se hubiera puesto inevitablemente al servicio de uno de los contendientes. De haberse producido el conflicto presente durante nuestra guerra. España hubiera sido el campo de batalla de Europa. Pero la guerra estalló cuando España estaba liberada y constituía una unidad, y nuestra actitud ha sido digna, independiente y nacional.

Tener una idea clara sobre la línea histórica de España nos ha costado una guerra civil. El concepto de nuestra Historia es hoy bien claro: unidad nacional, expansión mundial, incluso en el orden económico, y realización de las grandes empresas nacionales que fallaron con nuestra desintegración y la acción extranjera.

Por esta misma acción, la España genial de los Reyes Católicos y Felipe II hubo de mantenerse soterrada, aunque de vez en cuando produjo manifestaciones viriles contra lo extranjerizo, como el motín de Esquilache, el arte de Goya y la epopeya de la Independencia. Las mismas guerras carlistas, que no eran otra cosa que un afán del pueblo español por lograr formas de vida más auténticas, constituyeron explosiones ahogadas desde fuera.

El fuego de Francia e Inglaterra en la política de Europa convirtió a España en un peón y en una potencia de tercer orden. Nuestra propia situación geográfica en clave dentro del imperio francés y paso de la ruta vital del imperio británico constituyó un acicate más para aquel juego del que fuimos las víctimas.

No pocos países de la Hispanidad están sometidos a políticas y doctrinas extrañas y hasta a protectorados. Pues bien; no basta hablar de hispanidad en un sentido espiritual. Precisa es una labor más honda que, en un momento decisivo, dé formas de eficacia a esta unidad de espíritu, de raza y de cultura. La España de hoy aspira a salir de su retiro de siglos.

La historia demuestra-prosiguió- que quienes crearon nuevas formas políticas sacaron de ellas considerables frutos. Así, los Reyes Católicos, realizadores de la primera unidad nacional, así, Luis XIV, creador de la primera monarquía absoluta; así, Inglaterra y Francia, iniciadores de liberalismo democrático. España, por proclamar y defender una fórmula política nueva, vio ensangrentado su suelo por los horrores de la guerra civil. Aquel sacrificio no puede carecer de recompensa.(Logos)

El caso, contradictorio, radica en que desde 1940, mucho más tras la entrada de EEUU en la Guerra, muchos países solicitaron la protección del Estado español y en 1941 de los intereses de las Naciones del Eje en los países americanos donde España representó, desde 1941 a 1945, a Alemania, Italia y Japón en sus embajadas o Legaciones. 

Para atender a la importancia de estos servicios creó la Oficina Central de Protección. El ministerio de Asuntos Exteriores ha facilitado la siguiente nota:

“Desde el mes de mayo de 1940 hasta la fecha las representaciones de España en los países extranjeros vienen cumpliendo la misión política, jurídica y humanitaria de hacerse cargo de la protección de personas e intereses de las distintas naciones beligerantes. Primero, en Bélgica, y Holanda, hasta el momento de la capitulación, y luego, en (…) países que han entrado en guerra o han roto sus relaciones diplomáticas. España ha asumido una tarea difícil (…) honrosa.

Actualmente los embajadores, ministros y encargos de Negocios de España en Estados Unidos, Brasil, Perú, Bolivia, Colombia, Ecuador, Paraguay, Santo Domingo, El Salvador, Uruguay, Venezuela, Cuba, Nicaragua y Panamá se han hecho cargo de los intereses alemanes, italianos y japoneses (en la mayoría de los casos, de los de las tres naciones (…) la vez que nuestras Embajadas en Berlín y Roma se (…) de los intereses de muchos países americanos, que, han solicitado la protección del pabellón de España.

Dado el volumen e importancia de estos servicios el Ministerio de Asuntos Exteriores ha creado, la Oficina Central de Protecciones” (Logos.)

Nota.- El artículo ha sido elaborado con documentos inéditos de la Legación Española en Bogotá. Así mismo de los informes del Gobierno Colombiano recibidos desde Madrid. Los periódicos Arriba, Madrid, Ideal de Granada. Renuncio a la abundante bibliografía general fácilmente consultable. No obstante, la política exterior española desde 1936 a 1946,47, está repleta de tópicos y falta de rigor, sobre adjetivos sostenida.

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