El rey Felipe puede hacer mucho por España, pero tal vez no se atreva

Artículo de Francisco Rubiales

La Constitución habilita al rey para encargar la formación de gobierno a quien él quiera, no necesariamente al ganador de las elecciones, aunque designar al vencedor es lo habitual. El monarca, atendiendo a razones de seguridad o esgrimiendo el bien de España, puede encargar la formación del gobierno a otra persona que no sea Pedro Sánchez.

Algunos medios de prensa, preocupados, como millones de españoles, ante la ruta marcada por el PSOE, han especulado con que el monarca encargue la formación de gobierno a Jose Borrell, también socialista, como Pedro Sánchez, pero mucho más sensato e incapaz de unirse en matrimonio con los sediciosos y golpistas que odian a España.

El siguiente diálogo, copiado del muro de Facbook del politólogo Carlos Rodríguez Hurtado, podría ser el digno, decente y constitucional que España necesita. Ojalá el Rey se atreva:

Candidato Sánchez: «Señor, creo que tengo los apoyos suficientes para presentarle mi candidatura a la presidencia del gobierno».

Felipe VI: «¿Me puede usted decir que apoyos tiene? Porque si sus apoyos son los que quieren acabar con la unidad de España no le voy a proponer. Por tanto, o me trae apoyos constitucionales o se disuelven las Cortes y se convocan elecciones».

La Constitución establece claramente que el rey reina, pero no gobierna. Sin embargo, eso no significa que el rey esté maniatado y que carezca de poder. Tiene mucho poder, sobre todo por su capacidad de influencia.

El emérito rey Juan Carlos era plenamente consciente de ese poder y lo alimentó durante décadas creando en su entorno una especia de «guardia de corps» robusta en poder y con elevadísima capacidad de decisión en los asuntos del mundo y de España. El verdadero poder del rey, en España, no es sólo el que le otorga la Constitución como árbitro y jefe supremo de las fuerzas armadas, sino que queda potenciado por sus influencias, que incluían desde Estados Unidos, Arabia Saudita y otros países árabes y muchas otras naciones, hasta grandes empresarios, instituciones internacionales de gran calado, como la OTAN y el FMI, numerosas casas reales, intelectuales, periodistas, editores y propietarios de grandes medios de comunicación, nobleza y algunas personas de ese selecto grupo del poder oculto, que mueve los hilos del mundo, siempre desde la trastienda.

Si su hijo, el actual rey Felipe VI, ha heredado ese poder, aunque sea en parte, tiene capacidad suficiente para frenar la deriva peligrosa que Pedro Sánchez ha impuesto y cerrarle el paso al gobierno que proyecta, sostenido con alto riesgo para España por totalitarios, pro etarras y partidos que odian a España y quieren romperla.

El rey no es el único personaje con poder e influencia que empieza a moverse ante la terrible deriva de Sánchez. Hay un manifiesto de 300 intelectuales personas de peso en la sociedad y ex altos cargos que aboga por la ruptura del pacto de gobierno que une a los socialistas con los de Unidas Podemos, mientras que Felipe González y la vieja guardia sacialista mueven las escasas influencias que le quedan en un socialismo que ansía los privilegios que Sánchez les reparte.

Gran parte de los españoles están esperando que estas personas que se oponen al «sanchismo» devastador, sobre todo el rey, hagan algo que impida el desastre.

El primer síntoma de que el monarca se está moviendo es la noticia de que el rey se ha negado a viajar a Argentina, como quería Pedro Sánchez, para alejarlo del escenario español, donde él quiere actuar y moverse sin interferencias. El rey habría dicho, según publica la prensa, que desea quedarse en España para seguir el pulso del país en estos momentos difíciles.

La clave de todo este asunto está en si el rey se atreverá o no a presionar. Aseguran que el rey es prudente y hasta ahora nunca se ha salido del cauce discreto que le marca la Constitución, sin hacer nunca un uso intenso de su capacidad de influencia, pero que en la actualidad estaría decidido a influir para que el destino de España no esté en manos de amigos del terrorismo, gente con ideales comunistas y partidos golpistas catalanes cuyos líderes están en fuga o en prisión, condenados por sedición.

En cualquier caso, también es su deber impedir el caos y la destrucción de la nación.

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