El rey Felipe nos ha decepcionado

Artículo de Francisco Rubiales

Al encargar a Pedro Sánchez que forme gobierno, el rey Felipe ha decepcionado a más de media España, precisamente a la que aceptaba con más entusiasmo la Monarquía, a la que teme que Sánchez gobierne España apoyado e influido por partidos totalitarios, pro terroristas, independentistas y golpistas, todos llenos de odio a España. El rey lo ha hecho porque ha querido, sin estar obligado a ello, bendiciendo al PSOE que comanda Sánchez y despreciando otras opciones y a pesar de que el designado candidato no cuenta con los apoyos suficientes.

Algunos expertos dicen que el rey no podía hacer otra cosa que designar al que más votos ha obtenido, pero otros muchos piensan que había más opciones. El rey podría haber pedido a Sánchez que acuda para ser candidato con otros apoyos, con partidos que no odien a España, que no sean desleales y hostiles a la Constitución, pero no lo ha hecho.

Felipe VI no podrá en el futuro eludir su responsabilidad si, como muchos nos tememos, el próximo gobierno contribuye poderosamente a la destrucción de España.

Ayer fue un día triste para España porque el rey no impidió el desastre y tal vez abrió la caja de Pandora nombrando candidato a un personaje falso, maniobrero, obsesionado con el poder, de ambición extrema, sin escrúpulos y con una personalidad llena de rasgos psicopáticos. El monarca perdió ayer muchos de los apoyos que tenía y parece apostar por un idilio con la izquierda, agrietando así la neutralidad que le asigna la Constitución.

El camino que se ha abierto ante España es incierto, peligroso, inquietante y representa una bofetada a la Constitución, despreciada y combatida por varios de los partidos que Sánchez quiere cautivar con concesiones de dudosa legalidad y de nula ética. Ese camino conduce a un gobierno que habrá tenido que pagar a los enemigos de España facturas indecentes, entre las que figuran más autonomía para las comunidades rebeldes de Cataluña y el País Vasco, mas dinero para ellos en detrimento del resto de autonomías, más concesiones que incrementen su poder y cesiones llenas de peligro que permitirán a los nacionalistas, independentistas y golpistas avances hacia la independencia, la consagración del llamado «derecho de autodeterminación», control de la Justicia y quizás también una inquietante y fatal retirada paulatina de la policía y la guardia civil de esos territorios desleales y hostiles.

El rey se ha negado a escuchar las muchas voces que querían abrirle los ojos y los oídos para que percibiera el peligro inminente y el estado de crisis que representaba la designación de un Sánchez que está gobernando en contra de la mitad de los españoles y de la misma Constitución. Esas voces surgían de partidos políticos todavía leales a España, las fuerzas armadas, las fuerzas de seguridad, intelectuales que, preocupado e indignados firman manifiestos de rechazo al gobierno que proyectan los socialistas y de millones de españoles inquietos ante el futuro que se nos abre con Sánchez gobernando de la mano del comunismo y de las tribus más salvajes, desleales y sucias del país.

También ha desoído el monarca las voces de muchos socialistas sensatos, que se han dado cuenta de que Zapatero, Sanchez y muchos de sus seguidores son políticos totalitarios que quieren imponer la mentira frente a la verdad y empujar a España hacia el retroceso, la confrontación y el fracaso.

Ojalá no se cumpla el duro vaticinio de Santiago Abascal, que dijo: «Con un Gobierno PSOE-Podemos corre peligro la Monarquía» y el de Pablo Casado, que también alerta que con Sánchez “está en peligro” la monarquía constitucional. Millones de españoles temen lo mismo, según las investigaciones sociológicas.

La caja de Pandora que ha abierto el rey es amenazante, inquietante y portadora de muchos infortunio y enfrentamientos entre las dos viejas Españas, ahora resucitadas con insensatez por las izquierdas, el fin de la concordia y el perdón que presidieron el espíritu de la Transición y un loco e insólito avance hacia la desintegración del país y el retroceso económico, consecuencia de la presencia del comunismo en el gobierno y de sus políticas de impuestos elevados, control de las libertades y derechos y agresiones contra la propiedad privada, las empresas y las libertades individuales.

Todo lo que ocurra en adelante llevará, indefectiblemente, el visto bueno de la Corona y el sello personal de Su Majestad, que quizás sea el último Borbón porque los que van a gobernar ahora España, si Sánchez consigue seducirlos, son republicanos y entre sus muchos objetivos de cambio figura instaurar la Tercera República.

 

 

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