La violencia de los catalanes rebeldes amenaza la esperada victoria socialista en el 10 de noviembre

 

Artículo de Francisco Rubiales

La violencia desatada en Cataluña, la cobarde pasividad socialista y la indignante deslealtad extrema de la Generalitat aportan ríos de votos a VOX y crean condiciones para una derrota de Pedro Sánchez en las elecciones del 10 de noviembre, al que hasta los suyos terminarán abandonando por cobarde e incapaz de resolver el infierno y el crimen creados o impulsados por las altas instituciones catalanas. No es imaginable que los españoles otorguen la mayoría a quienes permiten tanto desprecio a España, tanta violación de las leyes y tantos atentados contra la seguridad, la convivencia, la paz y la justicia en la calles, plazas y carreteras de una Cataluña que cada día está más destrozada por el odio.

Pedro Sánchez añade su nombre a la lista de destructores de España pertenecientes al PSOE, una formación política que ha causado terribles daños a España desde su fundación, con hitos tan escabrosos como el fallido golpe de Estado de 1934, que provocó la guerra civil, y el saqueo de las reservas de oro del Banco de España.

Es cierto que la derecha española ha sido decepcionante por sus corrupciones y traiciones, pero sus daños a España, aunque execrables y dignos de castigo, no son comparables con los causados por el socialismo.

¿Quién descafeinó la tipificación del delito de rebelión en la reforma del Código Penal (artículo 217 del CP de 1973)? El biministro Belloch, y el presidente González, en 1995.

¿Quién eliminó del Código Penal el delito de referéndum ilegal (artículo 506 bis)? El ministro Alonso y el presidente Zapatero, en 2005. Aquella medida había sido aprobada a finales de 2003 y contribuyó frenar el plan Ibarretxe.

¿Quién decidió entregar la competencia sobre las cárceles a Cataluña? El ministro Barrionuevo, y el presidente González, en 1983.

¿Quién decidió trasladar a los políticos independentistas presos a la cárcel de Lledoners, en Barcelona? El ministro Grande-Marlaska, y el presidente Sánchez, en 2018.

¿Quién concentró todo el poder en los partidos, desmontó la sociedad civil organizada y la ocupó, cuando ganó las elecciones de 1982? Felipe González y los suyos, autor también de otras fechorías como la de engañarnos con el referéndum de la OTAN, desmontar la potencia industrial española para satisfacer a los socios europeos y convertir la democracia en una partitocracia con todo el poder en los políticos y sin influencia alguna del pueblo.

El denominador común de todos estos atentados contra España es que sus autores pertenecían al PSOE.

El partido de Pedro Sánchez juega ahora de nuevo con fuego y atenta contra el bien común y los intereses más sensibles de España al permitir a la Generalitat de Cataluña la promoción de la violencia, del odio desatado y de la rebelión abierta contra España. El comportamiento de Quim Torra, de Puigdemont y del resto de la jauría independentista es claramente delictivo, pero el gobierno se niega a reconocer la gravedad de la revuelta, quizás porque Sánchez espera ocupar el sillón de la Moncloa con el apoyo de esa chusma antiespañola.

La cobardía y la miseria de Pedro Sánchez y sus adláteres le hace la campaña a VOX y a la derecha. Si el conflicto catalán dura semanas, como los líderes de la rebelión pretenden, VOX podría convertirse en el primer partido de España y en el ganador de las elecciones, aupado por millones de españoles indignados y asqueados ante la falta de brío, solvencia y decencia de los que tienen en sus manos el timón de la nación.

Sánchez debería leer a los clásicos y aprender de la Historia. Tiene que recordar lo que advirtió Maquiavelo «El que tolera el desorden para evitar la guerra, tiene primero el desorden y después la guerra». También lo que dijo el general Espartero, cuando advirtió que “Por el bien de España, hay que bombardear Barcelona una vez cada cincuenta años». Finalmente, debería tener presente la sensata y sabia sentencia que dice que «No se puede razonar con los fanáticos, sino ser siempre más fuertes que ellos».

El PSOE lleva casi un siglo intentando ocultar sus delitos contra España y reescribir la Historia. Porque, ocultando la verdad y construyendo –como dijo Julian Besteiro– un Himalaya de mentiras, lo que pretende el PSOE es borrar su culpa como principal responsable del hundimiento de la República y del estallido de la Guerra Civil y transferírsela a Franco. De este modo se blanquea su pasado y se legitima su presente y su futuro.

La Ley de Memoria Histórica, las incesantes campañas de derribo de estatuas y cambios de calles, la continua agitación de rencores ideológicos e históricos en los medios de comunicación y el actual proceso de exhumación de Franco únicamente se entienden como parte de esa gigantesca operación por borrar el pasado y reescribir la Historia de España.

 

 

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