El fracaso de las Autonomías

Artículo de Manuel Vicente Navas

Los políticos sólo muestran preocupación por el resultado de las elecciones y, por tanto, por sus sueldos futuros 

España debe estar ya en condiciones de realizar sin temor un análisis profundo respecto a si el Estado de las Autonomías ha servido para fortalecerla o para debilitarla

El modelo autonómico recogido en la Carta Magna ni está siendo respetado ni se está haciendo respetar

Esta intolerable e inútil campaña electoral que nunca debió de existir transcurre de la peor manera posible, al estar carente de argumentos, iniciativas o propuestas que solucionen los graves problemas que tiene actualmente España. No escucharemos ideas para resolver la amenaza independentista catalana, la desaceleración económica que se avecina, la abultada deuda pública que lastra el desarrollo de nuestro país, la degradación del sistema educativo nacional, etc; como siempre lo que se escucha son lemas y compromisos generales que nunca cumplen. El bienestar de los ciudadanos españoles corre hoy día un serio peligro y los políticos sólo muestran preocupación por el resultado de las elecciones y, por tanto, por sus sueldos futuros. 

En no pocas ocasiones cunde entre los ciudadanos la idea de que nuestros políticos no son insensibles a nuestros problemas, simplemente es incapacidad intelectual para afrontarlos, ya que la sociedad española no está al amparo del “gobierno de los mejores” sino bajo el mando de los pelotas que han trepado en su partido con mayor habilidad. Esta clase política que nos dirige es incapaz, debido a su falta de preparación personal e intelectual, de afrontar esos graves problemas que tiene nuestro país, y mucho menos para realizar una reflexión profunda sobre el desarrollo de España una vez superados los 40 años desde la reinstauración de la democracia. 

Aunque el debate sobre la reforma de la Constitución ya haya pasado de moda, no es menos cierto que España necesita hacer una evaluación del funcionamiento del modelo de Estado que se implantó con ella en virtud de la imaginación de sus redactores, quienes diseñaron una teoría que nunca antes se había llevado a la práctica, por lo que difícilmente podrían aventurar cuáles iban a ser sus resultados. 

Con la perspectiva de 40 años y sabedores de que el papel lo soporta todo pero la realidad, no; España debe estar ya en condiciones de realizar sin temor un análisis profundo respecto a si el Estado de las Autonomías ha servido para fortalecerla o para debilitarla, respecto a si verdaderamente era ésta la España que se quería construir con la Constitución o si nos hemos desviado del camino trazado por una mala praxis de nuestra clase política. 

En ese análisis, la Cataluña actual aporta una cantidad de información negativa que por sí sola aconsejaría desmontar el modelo del Estado autonómico pues está mostrando cómo es posible que una Administración regional utilice contra el Estado las competencias que esté, como responsable de ellas, le ha cedido. Desde esa perspectiva, la realidad catalana nos está enseñando que la traición a España la están cometiendo no sólo los dirigentes regionales que están utilizando contra el Estado las competencias que el mismo Estado ha puesto en sus manos; sino que también la están cometiendo aquellos que, debiendo garantizar el buen uso de esas competencias cedidas, no están adoptando las medidas precisas para que así sea ni están ejerciendo la legitimidad que la Constitución les confiere para hacer respetar el buen uso de las competencias cedidas en beneficio de todo la Nación. El modelo autonómico recogido en la Carta Magna ni está siendo respetado ni se está haciendo respetar. 

Entre esas competencias que están siendo indebidamente utilizadas contra el Estado por parte de algunos gobernantes regionales, no sólo el catalán, se encuentra primordialmente la educación, dando lugar a un compendio de disparates educativos que degradan la enseñanza que se está prestando a las generaciones nuevas así como a la expansión de un intolerable e injustificado odio hacia todo lo español. El objetivo independentista de sembrar el odio hacia España entre niños y adolescentes se está extendiendo hacia otras regiones, como Valencia o Baleares, mediante el uso de aberrantes ocurrencias carentes de la más mínima base histórica que muestran a los españoles como el origen de todos los males que ocurren en sus regiones desde tiempos inmemoriales mientras que los habitantes de dichas regiones son presentados como víctimas de una ancestral opresión de España. El sentimiento de odio hacia lo español no existía en Valencia o Baleares hace 40 años al instaurarse el Estado autonómico y, sin embargo, empieza a tener hoy un importante calado, de la misma manera que en Cataluña era muy minoritario y en la actualidad genera disturbios del calibre de los presenciados en los últimos días como respuesta nada menos que al funcionamiento de un Estado de Derecho.  

Es obvio que el hecho de que ninguno de los grandes partidos atienda a asuntos de esta gravedad durante la campaña electoral genere desasosiego en la sociedad, sobre todo cuando está alcanzando elevadas cotas el hartazgo de los ciudadanos por la mastodóntica administración que genera este modelo autonómico que dificulta el desarrollo de las personas. La economía española ya está demostrando que no puede soportar tener 17 mini-Estados dentro del Estado que han elevado el número de cargos políticos hasta quintuplicar los que tiene una potencia mundial como Alemania, dejando como evidencia más palpable el aumento de la deuda pública por encima del billón de euros y rozando el 100% del PIB.

Evaluar los resultados del Estado de las Autonomías y adoptar decisiones inmediatas para su reducción son tareas que España debería afrontar más pronto que tarde si no quiere perder su integridad territorial a medio plazo. Con esta clase política, es obvio que no lo hará pues su capacidad intelectual y política no alcanza para ello.

 

 

 

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