Huir del «infierno fiscal» español es un deber democrático

Artículo de Francisco Rubiales 

No es un delito, ni una falta de solidaridad. Trasladar la residencia a otro país para escapar de la abusiva fiscalidad de España es un acto de libertad y de rebeldía democrática, además de un deber. Los ciudadanos, en democracia, tienen la obligación de controlar a sus gobiernos y de castigar sus abusos, arbitrariedades y corrupciones. Unos impuestos desorbitados, a veces con rasgos confiscatorios y de doble imposición, como los españoles, constituyen un claro abuso de poder contrario a la democracia, a la ética y al bien común, contra los que el ciudadano demócrata tiene el deber de luchar pacíficamente.

Escapar del acoso fiscal español es pura defensa ciudadana. Los paraísos fiscales son la consecuencia directa de políticas abusivas y confiscatorias como la que practican muchos gobiernos, entre ellos el español, creadores de infiernos fiscales que arruinan y subyugan al contribuyente.

La gente, lógicamente, prefiere el paraíso al infierno y todo el que se ha esforzado en la vida y ha logrado algún patrimonio, huye para evitar que se lo arrebaten y poder legarlo a sus descendientes.

Pero hay otras razones para que huir de la fiscalidad española sea un acto de libertad y un deber en democracia. La principal quizás sea que no se dan las condiciones adecuadas para confiar en la Hacienda española y, ante las irregularidades, codicia y abusos de los políticos, mejor que evadir y estafar, es huir a un paraíso fiscal, que no es otra cosa que un país menos codicioso y saqueador que el nuestro.

La huida de los «youtuber» a Andorra para escapar de los abusivos impuestos españoles ha creado cierto revuelo y ha provocado que el gobierno emplee sus recursos para vigilarlos y poder demostrar que realmente residen fuera de España. Sin embargo, de Barden, que vive y tributa en Estados Unidos, y de otros progres millonarios de izquierda radicados en paraísos nadie habla.

Los progres han montado en cólera, cuando la huida es la reacción lógica del que se siente expoliado y maltratado por la codicia de los que gobiernan. Esos mismos «progres» se abstienen de criticar a sus políticos, cuando se benefician de verdaderos paraísos fiscales exclusivos para ellos y a personajes de izquierda millonarios que han trasladado su residencia a paraísos fiscales y se niegan a tributar en España.

Los políticos españoles, tan habituados al saqueo de los ciudadanos, han creado un «Paraíso Fiscal» para ellos mismos. «Infierno» fiscal para ciudadanos y «paraíso» para ellos. Los partidos políticos están exentos de muchos impuestos y tributos y los diputados y senadores no pagan impuestos por el 40% de sus ingresos. El paraíso fiscal de los políticos de España es más ventajoso que Andorra, Luxemburgo y la isla de Jersey.

A ninguno de los políticos, ni a sus seguidores subvencionados y receptores del botín, se les ocurre renunciar a sus privilegios y adelgazar el Estado como forma de ahorrar y hacer más llevadera la crisis económica de una España asquerosamente despilfarradora y en manos de irresponsable manirrotos.

Cada día son más los españoles que critican la voracidad codiciosa de un gobierno que prefiere recaudar dinero aunque con ello arruine familias, espante a las empresas y genere desempleo, pobreza y atraso. Como consecuencia del abuso insoportable que constituyen impuestos como los del patrimonio y, sobre todo, el de Sucesiones, que legaliza el robo de las herencias, miles de españoles han abandonado sus lugares de residencias y se han trasladado a lugares donde los políticos son menos codiciosos y avarientos. Muchas empresas han hecho lo mismo y se han trasladado a Madrid, donde los impuestos son más suaves, o a Andorra, Portugal u otros países con una fiscalidad menos abusiva.

Hacienda es el gran ministerio del gobierno español, cuya principal obsesión, antes que el bien común o la calidad de los servicios, es recaudar dinero. Tiene los mejores profesionales y utiliza para captar fondos los mas costosos y avanzados recursos y programas. El pequeño imperio de la Hacienda Pública española es la demostración clara de que lo que más le interesa al gobierno es captar fondos.

El problema de la solvencia moral del gobierno recaudador planea sobre la labor fiscal española, muy desacreditada. Muchos ciudadanos han perdido la confianza en la honradez del gobierno y en la justicia del sistema recaudador y sospechan, con razón, que una parte importante del dinero recibido de los impuestos se emplea en alimentar el poder de los que mandan, en engordar a los partidos políticos y en las redes clientelares y de corrupción, con parte del dinero que hasta llega a los bolsillos de delincuentes políticos incrustados en el Estado.

Los partidos reciben cada año más de 300 millones de euros procedentes de nuestros impuestos, una subvención más que generosa que les permite vivir en la abundancia, quizás la mayor de toda Europa.

Millones de ciudadanos califican abiertamente de «robo» que representan algunos impuestos, como el de Sucesiones, porque arrebata las herencias. Ese impuesto es el más impopular del país y, probablemente, el mas injusto y miserable porque conlleva saqueo, confiscación y doble imposición. Sin embargo, los políticos, llenos de soberbia y codicia, lo mantienen y hasta quieren ampliarlo, a pesar del criterio popular en contra. Con el del patrimonio, claramente confiscatorio, ocurre algo parecido. España es, en la práctica, el único país de Europa que cobra y penaliza al ciudadano por haber ahorrado y acumulado un patrimonio lícito y legal, por el que ya ha tributado.

Todos los excesos, abusos fiscales, unidos a la corrupción que impregna al poder político español, crean un panorama fiscal aterrador, que justifica con creces no sólo la huida de algunos en busca de países menos avarientos, sino también la protesta y la lucha pacífica de los demócratas contra esa política fiscal corrompida, opresiva e indecente.

Toda esa sed incontrolada de dinero que experimenta el gobierno podría evitarse si ellos emprendieran una política de austeridad, si adelgazaran el Estado, que es el más grueso e insostenible de Europa, si prescindieran de los dos tercios de políticos a sueldo del Estado que sobran, si cobraran impuestos a las grandes fortunas, que año tras año logran escapar del fisco, y si renunciaran a algunos de sus excesivos y costosos privilegios.

 

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