Humillante encuentro pirata en la bella Barcelona

Artículo de Francisco Rubiales

El espectáculo con el que castigaron  a España Pedro Sánchez y Quim Torra fue una inigualable e histórica exhibición de bochorno y ridículo. Quisieron escenificar el encuentro entre iguales de dos rutilantes jefes de Estado, pero sólo lograron una exhibición de mediocres con ínfulas, la bisutería de boñigas con cornucopia. Uno parecía el papa Clemente del Palmar de Troya y el otro la peor versión de Groucho Marx en Sopa de Gansos. Un encuentro pirata, en definitiva, donde hubo reparto de botín en exclusividad. El catalán no era más que un presunto delincuente en espera de condena y el otro un estafador que incumple lo que promete y esconde la verdad, sin respeto, que, por desgracia, se ha apoderado de España.

El encuentro entre Sanchez y Torra en Cataluña escenificado en Barcelona, en el palacio de la Generalitat, pasará a la historia del ridículo como un episodio bochornoso y tan miserable que produce por igual vergüenza, risa y asco. Sanchez llegó cargado de regalos ilícitos, con más dinero para la deslealtad y la rebeldía, con halagos y sumisión para los que quieren destruir España, mientras que el tal Torra, al que han despojado de su acta de diputado y quizás ya sea un presidente abortado y de cartón piedra, recibía los regalos ilícitos que le entregaba el presidente de gobierno más falso y rechazado por su pueblo de la historia de España, desde los tiempos del valido Godoy.

Lo que parecía un encuentre institucional fue sólo un encuentro pirata en el que el español le entregaba al catalán la rendición de la dignidad española, envuelta en ventajas y privilegios que rompen la solidaridad territorial, el alma de la Constitución y el principio sagrado de la igualdad de los territorios y pueblos de España. Una vez más la España más degenerada compra la paz en Cataluña cerrando los ojos ante el delito y derramando dinero y ventajas, un camino que jamás ha funcionado y que ha alimentado el orgullo y el poder del nauseabundo secesionismo chantajista catalán. El representante catalán, un rufián en decadencia, entregado al odio y al delito, merecedor de castigos ejemplares por desleal y sucio, se limitaba a recibir con rostro de emperador el inmerecido y ridículo homenaje del representante sin dignidad de España, que le entregaba sumisión, mas dinero, más privilegios y quien sabe que más porque el juego, en la piratería, siempre es opaco y sospechoso.

La televisión comprada nos obligó a contemplar como un gran acontecimiento y con programación especial esa claudicación de España ante los violadores de la Constitución, los golpistas y los asesinos de la dignidad nacional. El grueso del pueblo español, moldeado, corrompido y degradado por mas de medio siglo de televisión manipuladora al servicio del poder, sin libertad ni decencia, probablemente vio la ceremonia, escuchó los discursos almibarados y creyó más o menos la mentira oficial de que aquello era «el principio del reencuentro y la reconciliación», pero otros españoles libres sólo vimos claramente que se trataba del diálogo obsceno entre dos boñigas con cornucopia, dos papafritas con ínfulas bordeando las leyes, generando injusticia y humillando a España.

Más que el principio de la reconciliación, la ceremonia triste de ayer fue un mazazo para demoler lo que resta del orden constitucional en España.

La ceremonia de ayer, con el vergonzoso cabezazo sumiso del brujo Ivan Redondo, el segundo hombre fuerte del gobierno, ante el golpista catalán y aquella frase miserable de Torra «Me ha parecido escuchar que (Sánchez) reconocía el derecho a la autodeterminación», constituyen la esencia vergonzante del encuentro, quizás la página más triste de la España postfranquista y el espectáculo más humillante al que el pueblo español ha sido condenado a contemplar, impotente y lleno de rabia.

Pero, además de un acto humillante y ridículo, el encuentro fue todo un festival de agresiones a la democracia, a la Constitución y a la decencia, con entrega a Cataluña, que desde el año 1700 vive parasitando a España, de nuevas ventajas y regalos que rompen la solidaridad y la igualdad, con infraestructuras, inversiones y nuevas concesiones a la deslealtad y a la banda de delincuentes y golpistas que está empeñada en rompernos y destruirnos.

Las regiones españolas de la postración, el atraso y el abandono, como Extremadura, Andalucía, Castilla la Mancha y otras, fueron ayer obligadas a contemplar de nuevo, con indignación y dignidad herida, como la riqueza de España, a la que tienen derecho y necesitan, se iba de nuevo para la desleal y rebelde Cataluña. Los ciudadanos españoles pronto saborearemos la amargura de la inminente subida de impuestos, que Sánchez empleará, entre otros fines desconocidos, para financiar la compra de la humillante «Paz Catalana».

 

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