La derrota de Nadia Calviño en Europa es la derrota de Pedro Sánchez

Artículo de Francisco Rubiales

Europa no se fía de Pedro Sánchez y ha querido mostrarle con toda crudeza su rechazo al elegir como presidente del Eurogrupo al irlandés Paschal Donohoe, a pesar de que España contaba con una candidata más cualificada y con el apoyo de Francia, Alemania e Italia, las tres primeras economías de la zona Euro.

La alianza de Pedro Sánchez con los comunistas de Pablo Iglesias, ultranacionalistas, separatistas y amigos del terrorismo le ha pasado factura a España una vez más, aunque también han contribuido a la derrota su carácter ególatra, su falta de empatía con los demás líderes europeos, su despilfarro, su obsesión por subir los impuestos en momentos críticos, su hostilidad hacia la economía liberal, su alejamiento preocupante de la democracia, sus tendencias autoritarias y su empeño en recibir la ayuda europea para la reconstrucción sin condiciones, con libertad plena para gastar.

Pedro Sánchez intentará culpar al Partido Popular de la derrota de Calviño en su batalla por presidir el Eurogrupo, pero el verdadero culpable es el propio Sánchez, que no genera confianza en Europa por su alianza con los comunistas y que despierta recelos por su despilfarro, voracidad fiscal y por su empeño en recibir dinero europeo sin condiciones.

España, a pesar de ser la cuarta economía de Europa, está pésimamente representada en las instituciones europeas y existía casi un consenso general de que el puesto de presidente del Eurogrupo le pertenecía. Pero, a pesar de esas premisas favorables, la figura negativa de Pedro Sánchez ha logrado que Nadia Calviño fuera derrotada.

De nada le ha servido a Nadia Calviño ser una mujer de gran mérito, muy apreciada y respetada en Europa. Tener un presidente de gobierno poco fiable, sin prestigio y con defectos que chirrían en el proyecto común europeo le ha costado ser derrotada.

En la derrota, después del rechazo a Pedro Sánchez, a sus alianzas de gobierno y a su estilo, han pesado también otros factores como la pésima gestión de la crisis del coronavirus, que ha convertido a España en el país del mundo con más muertos por habitante y con más daños económicos derivados, la oposición de los populares y los liberales europeos y las miles de cartas y mensajes de ciudadanos españoles, asociaciones y grupos de la sociedad civil española que han llegado a Europa advirtiendo que si entregan sin condiciones el dinero para la reconstrucción a Pedro Sánchez, éste lo gastará en fortalecer su propio poder, antes que en programas y actuaciones que beneficien a la economía y al pueblo español.

En realidad, la derrota de Nadia Calviño ha sido una enorme bofetada de la Europa libre y democrática a Pedro Sánchez y a sus tendencias irregulares y sospechosas, en especial a su linea de apoyo al estatalismo y el neocomunismo bolivariano, a la baja calidad democrática de su gobierno y a su divorcio profundo con una parte significativa de la sociedad española, que le rechaza por sus vicios, que van desde las mentiras, incumplimientos y política autoritaria, al despilfarro, el derroche, el incremento del gasto público, la afición por el lujo y los privilegios y su obsesión por subir impuestos y enemistarse con el mundo empresarial y productivo.

Pensándolo bien, la candidatura de Nadia Calviño era una trampa para Europa que la vieja sabiduría del continente ha sabido descubrir a tiempo. Con un Pedro Sánchez influyendo indirectamente en el Eurogrupo, la división de Europa en dos bandos, el de las cigarras del sur y las hormigas del norte, estaba asegurada, con el riesgo añadido de que la indisciplina, el estatalismo y el comunismo infiltrado socavaran el edificio de la Unión.

Precisamente, el argumento que ha llevado hasta el triunfo al irlandés Danohoe ha sido el de servir de puente entre el norte y el sur y el de «coser» el roto que representa la discrepancia entre los países que exigen disciplina y ortodoxia en la economía y los que, como España, quieren gastar a gusto y sin trabas los fondos de reconstrucción.

Sánchez sigue demostrando que es peor que una pandemia para España. Además de dividir el país en dos bandos y llenarlo de odio, ha hecho perder a España muchos contratos internacionales, prestigio y peso en el concierto mundial, provocando sanciones y gravámenes a sus productos y empresas, todo un desastre que es ocultado por la propaganda y los medios de comunicación comprados por el gobierno, pero que asombrará cuando sea conocido por la opinión pública española.

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