La mujer que encaró a Pablity Valance

Carlos Rodríguez Estacio

Cayetana Álvarez de Toledo, claro, no estaba dirigiendo ningún reproche al padre sino al hijo. ¿Es justificable? Vamos a analizarlo:

1) Pablo Iglesias se ha aburrido de llamar «marquesa» a Cayetana. Es decir, la apelación a la genealogía como marco que confiere sentido e inteligibilidad al discurso político proviene de aquel.

2) Cayetana anunció que no volvería a dirigirse a él de esa manera: «Se lo diré por primera y última vez, usted es el hijo de un terrorista, usted pertenece a la aristocracia del crimen». Adivinamos que Iglesias no seguirá su ejemplo y seguirá recordando su título nobiliario que, al parecer, debería excluirla del sufragio pasivo y quizás, vete a saber, también del activo.

3) De hecho, volvió a utilizar la denominación de origen en el tuit que escribió después: «Hoy la marquesa Cayetana Álvarez de Toledo ha cometido un delito en el Congreso llamando terrorista a mi padre. Sus privilegios aristocráticos le hacen creerse impune. Hermann Tertsch ya fue condenado por lo mismo. Animaré a mi padre a que ejerza las acciones correspondientes.»

a. No sé si me paso de suspicaz, pero hubiera preferido que —dado el contexto— hubiera especificado que hablaba de acciones legales y no de «justicia proletaria» ni esas otras justicias «auténticas» que ha defendido en tantas ocasiones.

b. Cayetana enuncia un hecho reconocido por padre e hijo. ¿Qué delito va a haber ahí? El Código Penal define el delito de calumnia como «la imputación de un delito hecha con conocimiento de su falsedad o temerario desprecio hacia la verdad». Es decir, el propio artículo incluye la ‘exceptio veritatis’. Ni siquiera tiene que aportar pruebas, pues tanto padre como hijo han reiterado su militancia en el FRAP.

c. Hermann Tertsch fue condenado por vincular al padre de Iglesias con un asesinato que no pudo haber cometido (estaba entonces en la cárcel). Nada tiene que ver un caso y otro. La condena a Tertsch no solo fue justa sino que me parece escasa (15.000 €) la indemnización que tuvo que pagar.

d. Personalmente veo mucho más fundamento a una querella por parte de votantes de VOX por haberlos llamado «inmundicia» en el Congreso.

e. ¿A qué «privilegios aristocráticos» se refiere Iglesias? Ahí se deja caer sin más. Alfalfa (resentida) para el pueblo (ideologizado).

f. Se le olvida lo más importante: negar o confirmar que su padre fuera terrorista. Lo primero, le haría quedar en ridículo, no solo por lo que ha dicho en otras ocasiones sino por el orgullo que ha expresado respecto de cualquier tipo de «combate» en nombre de la izquierda… sin excepción; lo segundo le daría la razón a la «marquesa» y perdería una oportunidad de crispar (y eso sí que no). No sabemos qué le parece mal: ¿acaso que considere a su padre un «terrorista»? (pero eso supondría condenar implícitamente la acción terrorista, al igual que cuando alguien protesta cuando le llaman «fascista» está reconociendo implícitamente que el fascismo es malo). ¿Será entonces haberle recordado lo que ha sido su padre en el Parlamento? Pero, claro, lo de marquesa le viene a Cayetana por la misma vía parental y él no deja de recordárselo en el Parlamento. ¿Qué hacer entonces? Es fácil: agitar la indignación popular de manera puramente afectiva sin hacer mención a ningún referente. Y ya cada que sus seguidores, en función del contexto, elijan lo que proceda… y siempre con mucha indignación.

g. Pablo Iglesias viene desplegando un estilo de violencia verbal incontinente e in-contenido. Por centrarnos solo en el término «terrorista» (no hijo de, sino directamente terrorista) se lo ha endilgado, por las más peregrinas razones, a Rajoy, Feijoo, Amancio Ortega, Bankia, Juan Roig… No nos vamos a sorprender de la doble moral, pero sí a señalar lo obvio: cualquiera de ellos tiene muchas más razones para iniciar procedimientos judiciales que son père.

4) Si tuviera que acordarme del padre de Cayetana, no me fijaría en el marquesado, sino en cómo con 18 años narró el desembarco de Normandía en los micrófonos de la Voix de l’Amérique. Tenía solo 18 años y poco después zarparía rumbo a Europa y a la guerra, junto con otros 6.000 soldados americanos y franceses, a defender la libertad, la de verdad. Por cierto, esta sí es una violencia decente y honorable (y por ello moralmente inevitable). Iglesias, sin embargo, parece decantarse por las violencias que se ejercen contra las democracias, no contra amenazas totalitarias; y ello explica que reduzca al padre de Cayetano a su función de «donante de marquesado». ¿Normandía? Bah.

5) Es gracioso sin gracia que hable de la impunidad de la aristocracia cuando en este país, por mor de la superioridad moral de la izquierda, no ha habido mayor impunidad que la que se ejerce desde la izquierda. La misma que llevó a Habermas a hablar de «fascismo de izquierda», el fascismo que más y mejor sobrevive en la actualidad (el fascismo de derechas no ha sido menos terrible, pero ha sido condenado y, de manera casi total, abandonado).

6) Dice Iglesias que Cayetana no iba a conseguir que se descompusiera. No parece que fuera esa la intención de la portavoz, dado el orgullo que ha expresado Iglesias en tantas ocasiones por haber tenido un «padre frapero», por sus lazos con el terrorismo vasco-catalán y sus entornos más borrokas, y, en fin, por la defensa constante y sonante de la cultura de la violencia (que, además, ha ejercido él mismo como cuando organizó el escrache a Rosa Díez en la Facultad). Pretender poner nervioso a Iglesias con eso sería como pretender ofender a Cayetana llamándola «liberal».

7) Esto escribió Iglesias en el obituario de Santiago Carrillo: «Créanme si les digo que, siendo hijo de un militante del FRAP y habiendo militado donde milité, tiene su mérito admirar a Carrillo». ¿Por qué tenía mérito esta admiración? Porque era un traidor que se había vendido a la causa democrática y pacífica. En otra ocasión llamó a Carrillo «comunista de derechas». El objetivo era destruir el «orden burgués» a través de la violencia armada. Y Carrillo fue despreciablemente concordante con el enemigo.

8) Por cierto, no deja de resultar tremendo el afán de las huestes podemitas por «construir la verdad». Nada más ocurrir el incidente, se lanzaron a la Wikipedia para borrar el rastro de organización terrorista del FRAP. ¿Agenda Matrix 2030? No sé, pero seguro la memoria histórica hemipléjica que ya conocemos.

9) El FRAP no cometió muchos asesinatos, al menos comparados con sus primos etarras, y se disolvió bastante pronto (1978), pero, en contra de lo que se dice, no arriesgaron su vida por la democracia, sino justamente para impedirla. Nacieron cuando la dictadura agonizaba y continuaron la lucha armada durante los primeros años de la transición. Eran una vanguardia militar armada estalinista que querían imponer por la fuerza una dictadura soviética.

a. De hecho, no ocultaron su admiración por Stalin y Mao, los dos mayores asesinos de la Historia (101 millones de asesinados bajo sus mandatos; más del doble de la población actual española).

b. Esto escribe el periodista Pérez Henares —colaborador de la Sexta hace poco—: «Mi recuerdo personal más terrible del FRAP es el 1º de mayo de 1973. El PCE convocó manifestación ilegal en Atocha. Se infiltraron en ella armados de cuchillos, acorralaron a un joven policía en un portal y lo degollaron. Eso permitió al Régimen franquista criminalizarnos a todos».

10) «Valance» final:

Iglesias, aupado en el tsunami del supremacismo moral de la izquierda, ejerce un matonismo inmisericorde donde nunca faltan las amenazas, las coacciones y los insultos. Esta intimidación sistémica no solo ha funcionado sino que está ahora en su punto más álgido. No hay peor noticia para una democracia que la violencia arroje réditos. El modelo vasco y catalán se ha extendido por todo el territorio nacional y va vertiginosamente colonizando instituciones.

Desde esta luz, lo que hizo Cayetana se me antoja como un gesto de coraje cívico y honradez intelectual: nada menos que parar los pies a Pablity Valance, el pistolero con el gatillo más fácil del saloon. Su ejemplo nos muestra que ejercer la virtud es posible, que no hay que dejarse intimidar ante el aburridísimo juego tramposo y fraudulento de siempre: llamar fascista al que no piensa como tú, legitimar la violencia cuando la ejercen los de la facción propia, calumniar en vida y obra al disidente, delinear conspiraciones imposibles para ocultar los afanes totalitarios, etc., etc.

Quizás, desde ahí, se pueda reconstruir un espacio público donde quepamos todos (todos los que renunciamos a la violencia, se entiende). Y, no sé, considero que hay grandeza simbólica en el hecho de que, frente al petulante asediador de democracias, se alce como adalid de los valores civilizatorios —que tantos siglos y sufrimientos costaron— una mujer de aspecto frágil pero con voluntad de fuego y verbo de hielo.

 

 

2 comentarios en “La mujer que encaró a Pablity Valance”

  1. Magnífica exposición para tirios y troyanos facilmente digerible. Aunque le duela al Sr. Marqués, a su papá, a su mamá y demás ralea que le aplaude. Muchas gracias.
    Solicito autorización para publicar en nuestra web. Gracias.

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