El socialismo democrático tiene que romper con el totalitarismo sanchista

Artículo de Francisco Rubiales

Si los restos de socialismo democrático que quedan en España rompen con el socialismo totalitario de Pedro Sánchez, España quizás se salve del desastre. Esa ruptura debe ser el gran objetivo de los demócratas españoles porque es la única ruta que nos permitirá reconstruir España y evitar que caiga en manos de la más atroz de las ideologías: el comunismo asesino.

Aunque parezca increíble, todavía deben existir personas decentes que antepongan las libertades, los derechos y la democracia al totalitarismo asesino, dentro del PSOE.

No es el momento de las algaradas ni de la violencia, por mucha indignación que acumulemos y por mucha rabia que nos invada al ver lo que los gobernantes están haciendo con España. La algarada y la violencia son los terrenos donde la izquierda radical se mueve con mayor soltura y es obvio que tanto Sánchez como Iglesias están deseando ver la rebelión de los demócratas y de la España decente para lanzar contra ella a sus perros y a sus jóvenes violentos, bien entrenados para la trifulca y la destrucción, como han demostrado cientos de veces en las calles y plazas de España.

La algarada y la violencia están reñidas con el Estado de Derecho y con la democracia. Los españoles demócratas tenemos que ganar esta batalla contra el terror comunista utilizando vías pacíficas y civilizadas, demostrando que tenemos la razón y que somos cien veces más personas que ellos. La algarada y la violencia son los terrenos donde las izquierdas funcionan con más soltura y eficacia. Su falta de escrúpulos y el ejemplo de violencia y sangre que han recibido de Lenin, Stalin y otros muchos fascismos, todos ellos procedentes de la izquierda, les hacen duchos y expertos en dar mamporros y en quebrar huesos.

Gente como los podemitas y los socialistas radicales que siguen a Pedro Sánchez dentro del PSOE se sentirían eufóricos si el comportamiento de los demócratas les permitiera soltar a sus comandos callejeros paramilitares, que ganarían la contienda contra la gente decente, sin la menor duda. Ese ambiente de lucha en las calles permitiría también al gobierno utilizar la policía y la guardia civil contra el pueblo alzado.

La clave de esta batalla es demostrar quienes son los buenos, los que respetan las leyes y los únicos dignos de confianza, capaces de sacar adelante esta España que los asaltantes totalitarios quisieran ver hirviendo en la desesperación y las revueltas.

Aunque no se ve por ninguna parte, debe existir todavía un socialismo decente, por lo menos un reducto de socialistas democráticos en España, gente que crea más en los valores tradicionales de la izquierda, sobre todo en la justicia, la equidad, la decencia y el valor de la nación. Esos socialistas tienen que convencerse de una verdad que hoy quizás no sepan ver: el camino emprendido por Pedro Sánchez y el PSOE que le sigue es un camino que conduce a la destrucción de España y del socialismo, a la pobreza, a la violencia y a ser finalmente engullido por los bolcheviques, que son los más preparados para pescar en los ríos revueltos del caos, la pobreza generalizada, la angustia, el miedo y la lucha cuerpo a cuerpo.

Tenemos que demostrar que somos mejores que ellos, algo nada difícil si no nos dejamos llevar por la rabia y la indignación tras contemplar lo que están haciendo con España, con nuestra riqueza como nación y con los derechos y libertades conquistados por los españoles.

La paz, el derecho y el respeto a la ley, junto con la firmeza, debe ser el alma de nuestra lucha en la RESISTENCIA y la esencia de nuestra hoja de ruta.

 

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